Me gustaría pasar a la historia como aquélla que acuñó por primera vez el término potingueterapia o, simplemente, como alguien que se propuso democratizar la cosmética natural. En cualquier caso, todo comenzó el día en el que me pregunté “¿mi piel come?”. Entonces me asaltaron todas las alarmas. Llevaba años cuidando mi alimentación y, sin embargo, nunca me había preocupado de si el desodorante que me aplicaba a diario contenía ingredientes tóxicos, o si los microplásticos de mi pasta de dientes acabarían en mi estómago o en el de cualquier pobre merluza del Atlántico.

El primer paso fue descubrir que existía una cosmética alternativa, más respetuosa con el medio ambiente y con nuestro cuerpo. No tardé demasiado en experimentar sus beneficios. Al utilizar en su mayoría ingredientes naturales y mucho más afines a nuestra piel y cabello, éstos parecen desintoxicarse y en poco tiempo recuperan su brillo genuino.

Sin embargo –desgraciadamente todo tiene un “sin embargo”-, la cosmética natural no está hecha para todos los bolsillos. No precisamente porque se trate de un negocio lucrativo, sino porque emplea ingredientes no sintéticos y por ende más costosos que la convencional, y su fabricación impide que compita en precios con las grandes marcas de cosmética que producen a gran escala.

En este punto apareció mi segunda revelación: ¿y si preparara mis propios cosméticos? Cuando me di cuenta de que era capaz de realizar un desodorante a partir de ingredientes naturales en mi propia cocina, se abrió ante mí un mundo de infinitas posibilidades: resultaba que también podía hacer mis cremas, mis tónicos, mis dentífricos… ¡Incluso mi maquillaje! Frente a tanta controversia con el uso de algunos ingredientes –también de origen natural- de dudosa procedencia, yo podía controlar uno a uno y adaptar los cosméticos a mis necesidades. Lo mejor de todo: se trataba de una cosmética amigable con mi cuenta corriente.

Por suerte, tanto las más apasionadas del diy como las que quieren disfrutar de los beneficios de la cosmética natural pero no pueden permitírselo, hoy en día existen un sinfín de tutoriales y recetas que muchas personas como yo compartimos en las redes sociales.

La potingueterapia es altamente relajante y gratificante. Nos permite realizar una actividad artesanal a la vez que nos proporciona momentos de autocuidado. Este tipo de práctica no se limita a reproducir una simple receta de un cosmético, sino que nos invita a querer descubrir más sobre el fascinante mundo de las plantas y sus propiedades cosméticas; las reacciones químicas a la hora de trabajar con una fórmula; los requerimientos de nuestra piel y posibles afecciones dermatológicas. La potingueterapia sensibiliza nuestro lado más ético con el planeta, agudizando nuestra conciencia hacia un consumo más sostenible, en el que se minimicen los residuos y los tóxicos.

Creando y compartiendo conocimientos sobre cosmética, tejemos comunidad en una sociedad cada vez más individualista. No os imagináis la cantidad de amigas potingueras que he ido recopilando en el camino. Es tanto lo que me aporta la cosmética natural casera que hace un tiempo me decidí a crear Cosmética de trincheras, mi propia escuela de cosmética natural que me permite avanzar en línea con mi propósito: democratizar la cosmética natural. Si quieres aprender a realizar tus propios cosméticos, en mi web y en Instagram vas a encontrar muchísimas recetas con las que empezar en este maravilloso mundo. Hasta entonces, te invito a que pruebes a realizar esta receta sencilla de crema hidratante y nutritiva con ingredientes de fácil adquisición.

Crema hidratante con aloe y lavanda

Ingredientes:

  • 75 gramos de gel de aloe vera. Comprueba que sea gel, no jugo, y que contenga hasta el 99,9 % de aloe vera.
  • 18 gramos de aceite de jojoba (puedes sustituirlo por otro tipo de aceite, pero te recomiendo que lo pruebes, porque es una auténtica maravilla)
  • 5 gramos de manteca de cacao (o aceite de coco)
  • 1 gramo de aceite esencial de lavanda
  • 1 gramo de vitamina E (la puedes comprar en cápsulas en un herbolario o en la farmacia)

Comienza esterilizando toda la superficie de trabajo, así como los utensilios que vayas a utilizar. Lo mejor es que lo rocíes todo con alcohol de 70 y dejes que se seque. A continuación, funde la manteca de cacao junto al aceite de jojoba al baño maría. Cuando se haya derretido, viértelo sobre el gel de aloe vera y mezcla bien. Cuando haya entibiado, añade la vitamina E y el aceite esencial.

¡Salud y  potingues!

Esther Valero @cosmetica_de_trincheras
Web: www.cosmeticadetrincheras.com
Podcast: https://open.spotify.com/show/4JxwuGdwjxBsBtRMiVnyYA

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