Siempre me ha gustado la moda pero cuando comencé a tener una visión más consciente y profunda de la vida llegué a convencerme de que era algo superficial.

La usamos para abrigarnos, taparnos y expresarnos pero la ropa también ha sido a través de la historia potenciadora de grandes cambios sociales, es más hoy día estamos frente a la oportunidad de crear un enorme impacto positivo a través de cómo decidimos vestirnos. Como consumidores podemos con nuestras elecciones cambiar la forma de producción de moda. Nuestra forma de vestir puede cambiar el mundo.

 

LA INDUSTRIA DE LA MODA HOY

Estamos acostumbrados a tener una gran oferta de ropa a precios muy asequibles. Así que es fácil acabar comprando cosas que no necesitamos y que terminamos no usando. Pensamos que podemos permitírnoslo ¿pero, es verdad?

Una camiseta sencilla ha consumido para llegar a la tienda 2750 litros de agua entre el cultivo de ese algodón y los lavados durante el proceso de fabricación. También han sido necesarios muchos químicos como pesticidas para evitar las plagas en los monocultivo de algodón, cloros para blanquear el tejido, tintes químicos que en una buena parte dejan residuos permanentes en ríos, mares y en la salud de los trabajadores de las fábricas.

En el proceso además se consume energía eléctrica y petróleo para el traslado de los países productores a los consumidores, lo que se traduce en CO2 para la atmosfera.

Y por último, energía humana, de agricultores y de personas que intervienen en la confección y manufactura. Generalmente son mujeres y niños que no perciben salarios que cubren sus necesidades, ni trabajan en condiciones de seguridad e higiene dignas.

Usaremos la camiseta de media unas 10 veces e irá a un vertedero en el que pertenecerá cientos de años.

Hoy pagamos 5€ por la camiseta pero el precio lo pagan otros y algunos de esos otros todavía no están aquí, son nuestros hijos y nuestros nietos los que heredarán el planeta. De verdad, ¿Podemos permitirnos la camiseta?

Volviendo al principio, la moda ha sido protagonista de grandes cambios sociales, por ejemplo el movimiento feminista de principios del siglo pasado fue acompañado de un empoderamiento a través de la vestimenta. Las mujeres quisieron dejar de ser objetos pasivos para convertirse en sujetos activos y protagonistas de su existencia. Para ello comenzaron a vestir como los hombres, con pantalones y camisas en busca de la libertad de movimiento necesaria. Coco Chanel fue pionera con sus diseños en los que adaptaba el estilo masculino al cuerpo y estilo femenino.

Ahora las grandes cadenas de Fast fashion producen moda de baja calidad y la distribuyen a todos los rincones del planeta. Es una de las industrias más rentables y de las más contaminantes del planeta. Este paradigma tan actual está totalmente desfasado por insostenible e incoherente con los valores de la época. Producen ropa sin personalidad y sin valores, con prendas creadas sin más objetivo que ser vendidas.

Venden en todo el mundo arrasando con la riqueza cultural que vincula la vestimenta con la tierra y acabamos uniformados. Hasta donde yo sé el principal mecanismos de supervivencia de la naturaleza es la variedad, ¿Es positivo que perdamos la variedad cultural? Estamos comprando ropa que no aporta nada, que no formará parte de la historia ni contribuirá a ninguna evolución social positiva, sin valores ni intenciones detrás. Es moda sin sentido, nacida para usarse durante un año y estar 500 en un vertedero.

 

EXISTEN ALTERNATIVAS

Paralelamente a estos despropósitos despunta con fuerza el movimiento de moda sostenible o slow fashion y se abre paso proponiendo una alternativa de ropa con intenciones y valores tras de si. Prendas de calidad creadas para que duren, atemporales, funcionales, fabricadas en países cercanos con certificados que aseguran los derechos laborales de las personas que las fabrican, sellos que garantizan que los tejidos son libres de tóxicos o que la materia prima es orgánica, diseñados para ser bonitos y funcionales pero también para ser de fácil reciclaje después de su uso. Estos son los criterios que siguen muchas marcas emergentes junto con la idea de que es mejor poco y bueno, que necesitamos mucha menos ropa que la que tenemos, que se puede y debe reutilizar, reciclar, reinventar, vender, regalar o intercambiar para alargar la vida a esa prenda que tan cara nos sale a nivel de recursos humanos y ecológicos.

 

POR DÓNDE EMPEZAR

Está en nuestra mano cambiar la forma en la que nos vestimos, para ello es necesario una toma de conciencia y un cambio de hábitos.

Si quieres vestir con ropa que no dañe tu salud, la del planeta, ni la de las personas que la fabrican y no sabes por dónde empezar, en nuestro CURSO GRATUITO te enseñamos todo lo que sabemos para que lo consigas sin perder tu estilo, ni mucho tiempo con el ensayo error. Apúntate y obtén acceso inmediato >>

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