Cada vez más jóvenes son conscientes de que les dejamos un planeta en ruinas. Estos días la cara de Greta Thunberg está en todas partes como cabeza del movimiento de protesta por el cambio climático. Se está hablando de la posibilidad de que reciba el Nobel y no me parece mal.

El punto de este artículo es subrayar una idea en la que llevo tiempo pensando. Todo este movimiento juvenil que ha empezado en el norte de Europa para protestar por el cambio climático me parece un síntoma claro de que el patriarcado se está debilitando. El patriarcado es una organización social en la que unos tienen poder sobre otros y las relaciones que se establecen en lugar de ser de colaboración son de competencia y de dominación. Los seres humanos más vulnerables en este sistema social son los niños, las mujeres y los pobres. Por supuesto los animales y plantas también sufren los efectos de esta cultura de la dominación.

El creciente empoderamiento de las mujeres afecta directamente a la forma de educar a los hijos. Desde que empezó internet hemos vivido un boom de la información y la conciencia. Y ha crecido el poder de decisión de todas las personas que han tenido acceso a ello. En los últimos 15 años se ha hablado mucho de educación y de crianza, son muchas las mujeres que se han animado a contar su experiencia y la vivencia de la maternidad a través de blogs y sin darnos cuenta hemos fortalecido una red entre mujeres que hace mucho que se había perdido. Las voces de algunas han validado los sentires de muchas y han despertado cuestionamientos en todas. Cuando las mujeres-madres cambian, el mundo entero cambia. En una sola generación se puede dar un salto espectacular.

Ahora ver que los jóvenes se siente con fuerza y poder para levantar la voz no me parece casual sino fruto de muchos cambios internos individuales. Soltar el poder y el privilegio adulto-patriarcal para dar espacio a la voz de la juventud es un síntoma de mayor salud social. Escucharlos y hacer un examen de conciencia sobre nuestros actos pequeños o grandes es un síntoma de verdadera madurez.

Sé que Greta no es la primera, ni será la última pero siento que la voz de los niños y de los jóvenes cada vez va a tener más espacio. Al menos eso es lo que deseo.

Me siento privilegiada de estar viviendo este momento, soy optimista y sé que todavía estamos a tiempo de aprender a vivir en armonía con el planeta. Eso sí, para ello, gobiernos, empresas, ONG,s y consumidores deben avanzar en la misma dirección. Sé que parece dificilísimo pero no lo es, todos somos personas y el cambio viene del individuo.

La conclusión de todo esto es mostrar como el aleteo de una mariposa puede tener un efecto macro en el mundo. Como cada gesto, cada intención, cada persona que decide conocerse con sus luces y sus sombras, que comparte, que educa en la conciencia, que crea, que avanza para fortalecer su autoestima, su poder personal, su conciencia ecológica, sus hábitos de compra…está cambiando el mundo. El cambio del siglo XXI estoy convencida que se dará de abajo a arriba, de dentro a afuera, de lo micro a lo macro.

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