Hacemos deporte para estar sanas y en forma, para sentirnos mejor con nosotras. Sudamos para que los efectos del deporte tengan mayor impacto sobre nuestro organismo.

Para practicarlo solemos ponernos leggins, maillot, forros polares, tops o camisetas deportivas elásticas. Estas prendas están en contacto continuo con nuestra piel que lo absorbe todo. Y la principal fibra de la composición de todas estas prendas es: El poliéster.

Esta semana La Vanguardia ha publicado un artículo en el que se habla de las consecuencias perjudiciales para la salud provocadas por el contacto prolongado del poliéster con nuestra piel. La noticia hacía referencia a la reciente publicación de un estudio de la Universidad Rovira i Virgili.

Los científicos implicados en el estudio han analizado 150 prendas deportivas hechas de poliéster y han encontrado:

Antimonio: Que se considera cancerígeno y puede afectar a la piel y crear problemas gastrointestinales.

Cromo: Metal que produce alegrias cutáneas y afecta al sistema inmune. Es altamente tóxico para las personas que trabajan con él y están expuestas a respirarlo. El cromo IV se considera cancerígeno (se usa en el proceso de teñido de las prendas de color negro y en el proceso tradicional de curtición de piel)

Cobre:  Metal dúctil que tiene efectos perjudiciales para la salud aunque no se ha determinado que sea cancerígeno (se encuentra en prendas de color verde, azul o marrón)

Plata: Las nanopartículas de plata pueden alterar la microflora de la piel y acabar provocando que otros organismos parasitarios la colonicen, ocasionando alergias e infecciones (se usa en tejidos antifúngicos y en los calcetines antiolor)

Además de estos tóxicos la Universidad de Granada con Nicolás Olea al frente han descubierto que los flatos del plástico también entran en nuestro organismo. Lo explica el mismo en este video:

En mi opinión, los niveles de tóxicos a los que estamos expuestos a través de la ropa no nos van a matar a corto plazo, pero sí nos debilitan poco a poco. Quizá la epidemia de parálisis, apatía, conformismo y depresión que padece nuestra sociedad tenga algo que ver con que nuestro organismo está usando su potencia para aislar y desechar esos tóxicos.

La intención de este artículo no tiene nada que ver con que te sientas culpable o asustada, se trata de informarte y hacerte consciente para comprar con más responsabilidad y elegir quizá prendas hechas de fibras naturales como el algodón orgánico, el cáñamo o la lana. No es necesario poner el grito en el cielo y tirar todo lo que tienes en tu armario. Comprar menos y de mejor calidad sería la premisa porque las fibras naturales también necesitan mucha energía para llegar a tu armario (En esta guía puedes encontrar tiendas y marcas que fabrican con respeto a la salud y el medio ambiente)

Las consecuencias del uso de poliéster no acaban aquí. La fibra de poliéster está hecha al 100% a base de petróleo, o lo que es lo mismo,  fibra de plástico. Sobre el petróleo no tengo nada que decir que no sepamos, es una materia prima por la que se libran guerras y por esta sola razón sería lógico usarlo con responsabilidad.

El enorme problema que estamos enfrentando con los plásticos es que permanecen en este planeta mucho más tiempo que nosotros y terminan en el océano. (En Gansos 8 profundizamos sobre la reducción de plásticos en el hogar) Concretamente los plásticos de la ropa llegan allí principalmente a través de las lavadoras. Cada vez que lavamos una prenda elástica de poliéster se desprenden micropartículas que llegan al océano y son ingeridas por los peces. Cada día aparecen en nuestras costas peces, mariscos y moluscos con los estómagos llenos de plástico.

Hace un tiempo se pensaba que estos plásticos provenían de productos de limpieza e higiene con microperlas pero hoy sabemos que el 82% se origina en nuestros armarios.

Escribiendo el artículo me he acordado de una historia que si me permites voy a contarte:

Desde hace ya algunos años mi amiga sale todas las tardes a andar con otra amiga por los alrededores de su pueblo (lo que se conoce como la ruta del colesterol). Me contó como desde hace un tiempo empezaron a recibir comentarios sobre su vestimenta. Un día en el parque un amigo le comentó que parecen viejas cuando salen a andar y en otras ocasiones recibieron comentarios parecidos cuando van en bici o andando. ¡Que no estamos en la edad media! ¿Es que no tienes ropa para ir en bicicleta?

Y es que mi amiga no usa ropa deportiva para su paseo vespertino, ni se enfunda el maillot para ir a buscar a su hijo al colegio en bici. Cuando me lo contaba decía con su gracia y su modo de ver la vida particular: «Cuánto daño a hecho Decathlon, que nos quiere uniformados y a la moda hasta para salir a andar por los caminos o tenemos que equiparnos como para hacer el tour de Francia sólo para dar una vuelta en bici».

Cuento esto para poner de manifiesto cómo el marketing cala en la sociedad y nos arrastra a consumir y cambiar nuestros hábitos sin cuestionar nada. El resto del trabajo lo hacemos los que formamos la sociedad haciendo presión a los que se resisten a incorporar ese nuevo hábito. Tal y como yo lo entiendo es una cuestión de prioridades personales y perspectiva:

De qué te sentirías más orgullosa ¿de un atuendo del color brillante que se lleva esta temporada o de una buena salud y un mundo habitable para ti, tus nietos y tus bisnietos?

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Photo by Edit Sztazics on Unsplash

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Author: gansosmag

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