Texto: Antonia Peña Fernández
Foto: Carmen Oufrasia
Estilismo: Camisa hombre: Modubat y chaqueta mujer Rebelroot

Yo, por mi experiencia personal sé que existe, pero intentaré dar algunos argumentos de lo contrario aquí.

Os habéis imaginado alguna vez qué ocurriría si fuésemos capaces de «enamorarnos» de todas las personas con las que nos cruzamos en nuestra vida?
Y cuando digo enamorarnos no me refiero a desearles físicamente, no me refiero a sentir ese proceso químico que ocurre dentro de nosotros, los humanos, cuando nos sentimos irremediablemente atraídos por otro (y, por qué no decirlo, que nos hace equivocarnos tanto de pareja) y no me refiero, por supuesto, al amor romántico de las películas y los cuentos de hadas.
Estoy hablando de tener a alguien delante y, despojándote de todo prejuicio, poder ver al SER que habita esa forma de vida. Mirarle a los ojos, reconocerle como parte de ti, y desearle lo mejor.
Filtramos tanto la información que entra a través de nuestros sentidos que muchas veces nos perdemos lo esencial.
Y esto no ocurre solamente cuando sentimos algo negativo hacia alguien. Ocurre igualmente cuando lo que vemos nos gusta.
Si pudiéramos reunir todos los datos que filtra nuestro cerebro en el instante en el que creemos habernos enamorado de una persona, descubriríamos que muy pocos tienen que ver con nuestro auténtico deseo, sobre todo a temprana edad. No estoy diciendo que esto sea malo, sino que damos demasiada credibilidad a nuestro sistema de pensamiento, y éste, a su vez, nos viene dado por la sociedad y la costumbre.
Las parejas no duran para siempre, esto es una evidencia, luego, algo falla.

Solemos esperar de nuestra pareja que nos de aquello que no tenemos, o creemos no tener : cariño, protección, seguridad…… Y esto a la larga termina siendo una carga demasiado pesada para el otro. Dejar en manos de algo externo a nosotros nuestra felicidad es, cuanto menos, osado. No tardaremos mucho en echar en cara al de enfrente que no cumple con la misión que le habíamos asignado (misión que solo conocíamos nosotros, claro).

Quizá el secreto está en amar y no esperar nada…

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