Texto: Laura Martínez Hortal
Foto: Noemí Genaro. Publicada en el número 2 de Gansos Salvajes Magazine

No quiero tener hijos. Cada vez más mujeres de mas de 30 repiten ésta afirmación en nuestro país.

Si pregunto por qué, escucho argumentos variados pero en general no he escuchado una reflexión profunda sino más bien un licito «no tengo ganas de complicarme la vida» o “es demasiado sacrificado-caro”, o sencillamente “no me apetece”.

Antes de continuar quiero aclarar que esta es solo una reflexión. Respeto y comprendo a las mujeres que deciden no ser madres y entiendo que no todas tenemos por qué hacerlo. Es más tal y como está la situación es una decisión de lo más racional. No quisiera ofender porque esto no es contra ninguna persona, es una reflexión sobre el sistema, sobre los tiempos en los que vivimos y sobre mi generación.

…Cada vez conozco más mujeres que afirman no querer ser madres.

Pero todavía no he conocido ninguna mujer que diga que nunca ha querido tener una relación de pareja. Seguramente habrá alguna, pero estarás de acuerdo en que es algo excepcional. Quizá influye en algo que las relaciones de pareja y el amor romántico se han puesto en el centro tanto en películas, como en novelas, canciones y en toda clase de producciones culturales. El deseo biológico y la expectativa de que ese es el ansiado final feliz nos lleva a todos a buscar conocer este modo intimo de relación en cuanto podemos. Al poco tiempo descubrimos que las perdices del cuento no apetecen todos los días. Y que ese final no era más que un principio, que hacer funcionar una relación requiere tiempo, energía y compromiso. Es un camino que requiere presencia y ganas. Pero ésta otra parte no ha interesado tanto a los guionistas de Hollywood ni a los cantautores centrados sólo en el sentimiento.

Todavía no he conocido ninguna mujer que diga que no ha tenido nunca curiosidad por vivir una relación sexual. Hace algunos años cuando los valores de la sociedad eran otros y el sexo se teñía con los prejuicios cristianos había muchas personas que elegían el celibato como camino. Hoy la cantidad de personas que toman ésta decisión ha caído en picado. Sin embargo tanto aquellas que decidieron entrar en conventos como los que no renunciamos al contacto sexual creemos que nuestra decisión es propia y libre.

Tampoco se discute que el trabajo sea algo positivo, nos dignifica y se percibe como correcto incluso hacer algo que detestas o que va en contra de tus principios por dinero (nunca se aceptaría socialmente una boda solo por dinero o vender sexo a cambio de dinero). El trabajo, por lo general, no se nombra como una carga, sino como un derecho, además que las mujeres lo hemos alcanzado a través de la lucha. Es un gran logro, nunca una obligación (aunque la cruda realidad es que si decides salir un tiempo del mercado laboral no te alcanzarán las cotizaciones para la jubilación y que con la presión económica y los precios de la vivienda es muy difícil que las familias subsistan si la mujeres no aportan dinero, además de que no sé si la realización es posible para una cajera de supermercado con horario comercial y sueldo de 700€). Pero aún así el trabajo es un DERECHO aunque si no nos pagaran la mayoría no lo haríamos.

Por otra parte el hecho de obtener un título y crecer en una carrera profesional no se nos muestra como una CARGA a pesar de que requiere compromiso, esfuerzo, implicación y energía. Pero se nos ha mostrado la otra cara, la del éxito, la recompensa, el dinero, el prestigio, la posición. Es algo que podemos elegir y está bien, yo misma lo he elegido. En occidente a nadie se le ocurre pensar que todo ese esfuerzo no es importante para tu vida, igual que en India a nadie se le ocurre pensar que hacer una gran inversión en tu desarrollo espiritual no tiene sentido. Me imagino yo diciéndole a mi padre con 15 años que me iba a dedicar los próximos años a la experiencia espiritual enlugar de a estudiar, es simplemente impensable. No podemos negar que los valores sociales de cada lugar y cada momento condicionan nuestras decisiones vitales.

Muchas mujeres y yo misma no hemos tenido interés por la maternidad durante nuestra juventud. Pero, cómo se nos muestra la maternidad? Los hijos se muestran como un yugo, como el mayor impedimento para nuestro desarrollo como mujeres independientes. Son CARGAS que debemos evitar o compartir (este es el lenguaje institucional y de los medios). Nadie te dice que esas cargas llamadas hijos ofrecen la posibilidad de tener una relación única, más profunda y cercana que ninguna que hayas tenido, que el amor que vas a sentir siendo madre no tiene comparación con otro ni en cantidad, ni en calidad. Y que vivir con ese sentimiento dentro, sinceramente no es una carga sino algo que aligera la vida, la dota de sentido, la hace divertida, te rejuvenece y te hace flexible. Todas sabemos qué es estar enamorada. Y nos gusta. ¿Verdad? Pues la magia del primer amor de pareja se queda en matillas con el primer mes del nacimiento de un hijo.

Lo que se muestra en series y películas son madres para las que los hijos son un figurante más en la escena, que no afecta en nada a su vida y su quehacer o por el contario nos enseñan a los niños como molestia, como obstáculo para nuestro desarrollo, vemos madres desquiciadas, con una gran necesidad de espacio propio, gritando a sus hijos y deseando de dejarlos con alguien. Y esa es una parte de la realidad, no niego que criar hijos es cansado, educar es repetitivo y a veces nos desquicia. Pero no te dicen que ser madre tiene el potencial de hacerte crecer como nunca, que aprendes sobre quién eres en el primer año de vida de tu bebé más que en 10 de terapia. Tampoco cuentan que vives una explosión de creatividad, de alegría y de lucidez. Que cambian tus prioridades y empiezas a ver el mundo con otros ojos, con un sistema de valores distinto, más cercano a la verdad, a la naturaleza y a la vida. Tampoco nos dicen que tu sexualidad estalla en el embarazo, que el parto es una experiencia sexual y la lactancia también. Yono hubiese querido perdermela, la verdad.

Pero todo esto ocurre sólo si te lo permites, sólo si no estás trabajando hasta el día del parto con la mente hiperactiva y con las hormonas del estrés en tu torrente sanguíneo. Todo esto ocurre si tienes un parto libre y respetado, si no hay intervenciones violentas y separaciones abruptas. Si decides abrirte a la experiencia, entregarte al vínculo con tu hijo, tenerlo cerca, conectar con él y darle lo que sientes que necesita desde el cuerpo. Y la verdad permitirse todo eso no se facilita ni desde la sociedad, ni desde las empresas, ni desde los gobiernos. Según nuestros gobernantes debemos dejar a nuestros bebés en guarderías antes de estar preparados, y no lo digo yo lo dice la neurociencia que ya ha demostrado que el cerebro del bebé dónde mejor se desarrolla es al lado de su madre durante los primeros 9 meses de vida.

Si todo ha ido bien y la maternidad te ha parecido una experiencia preciosa es normal que quieras decidir educarlo porque sabes que nadie lo va ha hacer con mas amor, porque sabes que dentro de un tiempo no te necesitará, porque sabes que 9 meses, 3 años o 5 es un rato en la vida. Que la infancia de tus hijos no vuelve a repetirse. Porque ves en su carita que te necesita cerca y tu quieres estar cerca. Porque saber que tienes tiempo para trabajar después, porque has trabajado mucho antes ya y ahora quieres criar y sabes que es lo mas valioso que puedes hacer en ese momento.

Aún así en este país existe una ayuda de 100€ para pagar guardería si sales a trabajar fuera, cuando se supone que tendrás un sueldo para pagarla. Pero si decides quedarte en casa, renunciando a tu sueldo no tienes derecho a ningún tipo de ayuda. Se gastan pastones en crear plazas de guardería, pero si decides no ocupar tu plaza nadie te ayudará. Ya no es el marido el que decide por ti, ahora son las instituciones las que saben lo que es lo mejor para las mujeres.

En estos días se está formando gobierno y las que estamos criando estamos fuera de todos los programas, todo está regido por el corto plazo y la productividad. Y olvidan que nuestros hijos pagarán las pensiones del mañana o quizá, con suerte alguno de ellos, sea capaz de resolver la difícil ecuación de supervivencia que platea el estado del planeta. La misma ecuación a la que nuestros gobiernos dan la espalda en pos de los mercados y las políticas económicas.

Entiendo perfectamente que las mujeres no quieran tener hijos, ningún animal en cautiverio quiere tenerlos. Y somos cautivas de un determinado nivel de consumo, de la visibilidad y el reconocimiento que nos da el trabajo fuera de casa, del horario de 9 a 19h, del no poder parar para conectar con qué queremos. Escavas intelectuales que vivimos dando la espalda a nuestro cuerpo. Entregamos nuestro tiempo y energía vital a la producción y al consumo y creemos que somos libres pero nuestros úteros saben que no. La libertad es difícil en una sociedad con tanto estimulo y más cuando cada uno de esos estímulos tiene detrás una estrategia publicitaria que pretende despertar en ti una respuesta determinada. La reflexión de hoy va sobre los deseos colectivos o los gustos colectivos. Cuando todos nos comportamos de forma muy similar me pregunto si nace de un deseo genuino o simplemente es un deseo inoculado por los mecanismos mediáticos y propagado por el efecto rebaño.

He decidido que voy a quedarme tranquila, que al menos voy a decir lo que no se dice:

Que sí, que tener un hijo es cansado, requiere tiempo, dinero y compromiso como casi todo lo que vale la pena en la vida, pero puede ser una experiencia inigualable que no resta nada, sino que suma y multiplica en todos los sentidos.

P.D: Agradezco a Mónica Felipe-Larralde por mostrarme la diferecia entre DERECHOS Y CARGAS.Y cómo se usa el lenguaje para manipular.

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Author: gansosmag

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