Texto: Laura Martínez Hortal

Cuando voy a mi armario tengo que mirar que ponerme en función de si estoy hinchada o de dónde voy a comer ese día porque sé que se me hincará. A la hora de comprar ropa tengo que tener en cuenta que las camisetas sean sueltas por esta zona, que no tengan estampados ni floripondios que la resalten,
que tengan el largo necesario para que no sobresalga. Los vestidos de corte alto y sin ceñir la cintura para ocultar esta zona que fué creada imperfecta. Totalmente fuera de lo aceptable.

Tengo un cuerpo bien proporcionado pero mi barriga… ¡ay! Constituye el último bastión en mi lucha por aceptarme. El último escollo de complejo adolescente…

A algunas modas no me he subido nunca, como a la de enseñar el ombligo o al talle alto, porque la naturaleza se empeño en dotarme con un globo dentro de mi vientre. Y no debo mostrarla para no herir sensibilidades ajenas.

La relación con ella cambió un poco cuando comencé a trabajar en publicidad y tuve que usar el filtro licuar de Photoshop para quitársela a modelos profesionales. Que tendrá para que las diosas de la belleza de nuestra era tampoco puedan permitírsela.

Resulta que hace unos años descubrí de la mano de Mónica Felipe-Larrralde que lo que esconde nuestro vientre es lo que nos hace mujeres biológicamente hablando, dentro hay una gran parte de lo que nos distingue de los hombres. Debajo de nuestro ombligo guardamos nuestra capacidad de menstruar y gestar. Además de el mayor centro de poder del cuerpo según la medicina china.

Por otra parte en ella quedan las huellas de las cesáreas y los embarazos. Y en la sociedad en la que vivimos sólo se acepta un tipo de mujer, la que no tiene la huella del tiempo en su piel. Puedes leer más sobre el tema aquí

No sé si este complot ha sido consciente o inconsciente, si es solo un tabú sexual que arrastramos o es la neurosis de una sociedad que necesita para aceptar y sentirse segura que todas seamos iguales. Lo que sí sé es que he decidido que este verano me voy a dejar de ocultaciones y voy a amarla. A respetarme a mí y a mi cuerpo que soy yo, a quererme completa en el punto en el que estoy. Y aunque siga deseando soltar  grasa de esta zona, aunque siga deseando alimentarme mejor para no hincharme y aunque no me atreva con ciertas modas, voy a sonreírle, voy a acariciarla con cariño, voy a mostrarle mi respeto ante el espejo y no voy a permitir que un prejuicio social empañe mi relación conmigo misma. Quizá desde el amor a mí misma sea mucho más fácil elegir hábitos saludables y alimentos que llenen de vitalidad a mi cuerpo.

Y voy a seguir mostrando mujeres tal y como son, sin retocar, con tallas, edades y tipologías de cuerpo variadas. Si quieres saber cómo hacemos los reportajes de moda puedes leerlo aquí.

Ahora os dejo con un documental de 13 minutos que realizó Mónica Felipe-Larralde con un enfoque sobre el tema renovador, que a mí me trajo mucha pacificación con esta parte de mi cuerpo.

VIENTRE DE MUJER. ¿ Capricho estético o directriz implacable?

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Author: gansosmag

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