TEXTO: Enriqueta Barranco Castillo
Médica Ginecóloga (ponente en ALQUIMISTAS)
FOTO: Dori Romera

La visión patriarcal del deseo sexual femenino, construido en función de las ideas dominantes entre el género masculino, no es nada novedosa, sin embargo sí podría serlo su medicalización.

En palabras de Diana Zuckerman, presidenta del National Center for Health Research y Judy Norsigian, cofundadora y ex directora ejecutiva de Our Bodies Ourselves, ha sido casi imposible ignorar la fascinación de los medios de comunicación sobre el hecho de si la Flibanserina –nombre técnico del producto que integra la llamada viagra femenina– debería haber sido aprobada o no por la estadounidense Food and Drug Administration (FDA). El debate fue más intenso entre las feministas, que estuvieron divididas entre quienes estaban de acuerdo con los científicos de la FDA, que consideraban que el fármaco no era eficaz y sí era potencialmente inseguro, y quienes se unieron a una campaña que acusaba a la FDA de sexismo por haber rechazado el producto en dos ocasiones previas. La campaña a su favor estuvo organizada y patrocinada por Sprout Pharmaceuticals, fabricante de la Flibanserina.

El deseo sexual de las mujeres y la falta de líbido es un problema complejo en el que se entremezclan factores psicológicos, fisiológicos y sociológicos, pero las compañías farmacéuticas transforman un problema relacionado con circunstancias específicas en un problema médico (algo que muchas personas expertas llaman disease mongering).

Primero se ha construido el concepto de disfunción sexual femenina y una vez hecho se ha abierto la puerta a su tratamiento. Pretenden soslayar que lo que ellos definen como deseo sexual hipoactivo, en las mujeres no es más que el resultado de una sexualidad poco satisfactoria, tanto por razones de pareja como por motivos familiares y/o sociales, y que cuando no se desea algo no se sufre por ello, siendo la presión que padece y proyecta el otro, lo que genera sufrimiento.

El otro, al no ver ejecutado su deseo, coital en la mayor.a de la ocasiones, proyecta y culpabiliza a su compañera de algo de lo que no quiere sentirse responsable. Omitiendo estas y otras consideraciones, o lo que es lo mismo, dando la espalda a las mujeres, hace años que la industria química farmacéutica trata de vender la llamada “píldora rosa” (imitando la imagen azul de la viagra masculina, no por casualidad), para medicar a las mujeres premenopáusicas, a las que les suponen o que tienen menos deseo o que no les importará lo que tomen. Así pues, hablamos de un medicamento antidepresivo llamado Flibanserina, que tomado a diario logrará que estas mujeres tuvieran un episodio sexual más al mes (no sabemos si satisfactorio). Este producto desencadena importantes efectos secundarios tales como ansiedad, somnolencia, cansancio, síncopes, bradicardias o hipotensión, sobre todo si se asocia con el alcohol. Las mujeres lo ingerirían y así teóricamente podrían contentar a sus parejas y quizá tener un coito más al mes. Desde este punto de vista la Flibanserina no debería introducirse en el mercado.

Las políticas socio-sanitarias deberían dirigirse a mejorar la calidad de vida de todas las mujeres, con independencia de su edad, y a permitir que la educación de hombres y mujeres deje de estar impregnada de sentimientos patriarcales.

Según afirman, la Flibanserina está indicada para el tratamiento de las mujeres premenopáusicas con disminución del deseo sexual y que presenten por este motivo distrés o dificultades interpersonales y que éstas no se deban a una enfermedad médica o psiquiátrica, a problemas en la relación de pareja o a efectos de medicamentos o abuso de sustancias. Como antidepresivo, actúa químicamente sobre el cerebro y necesita ser tomado a diario durante todo el tiempo que se desee mantener su supuesto efecto, es decir, sin límites definidos.

Las mujeres requieren tratamientos seguros y eficaces, pero hay razones para pensar que la Flibanserina no lo ser. para muchas de las mujeres que podrían ingerirla. Si se implantara el uso de la misma, dadas las escasas investigaciones con las que contamos, volveríamos a estar una vez más en una situación de campo abierto a la investigación financiada por el bolsillo de sus usuarias y después aparecerán publicaciones pretendidamente científicas relatando todo aquello que se ha ido produciendo y, hasta quién sabe, sería retirada del mercado por sus graves efectos secundarios. Hasta el momento, solo profesionales sanitarios adecuadamente instruidos por la empresa (15 minutos de formación online) podrán evaluar a las mujeres y prescribirles la Flibanserina.

Según la plataforma ‘NO GRACIAS’, la construcción de la disfunción sexual femenina ha sido producto de los laboratorios farmacéuticos, interesados en definir y promover trastornos y nuevas enfermedades. La Flibanserina para tratar el “deseo sexual hipoactivo” en las mujeres premenopáusicas requeriría de una investigación mucho más rigurosa, desprovista de intereses comerciales.

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