Me enfadé mucho el día que en un terapeuta me dijo que mi principal problema era el auto-odio. Me ofendí y me sonó fortísimo. En aquel momento creía que me quería y me aceptaba, ya había trabajado en mi autoestima. De eso hace unos 18 años y, aunque en un primer momento no lo creí, he tenido presente esa palabra con el paso de los años.

Cuando he cometido errores, cuando he tropezado con la dichosa piedra (one more time) o cuando la vida me ha puesto en encrucijadas difíciles me ha ayudado preguntarme: ¿Qué haría una persona que se ama a sí misma en esta situación?

En ciertas épocas de mi vida, la autoestima o el “auto-amor” han llegado a ser obsesivos. Me he dicho “te quiero y te acepto tal y como eres” mil veces delante del espejo. Esta práctica es muy poderosa y, aunque tiene cierta mala fama, es útil sobre todo para observar la reacción y el pensamiento que surge cuando nos decimos cosas positivas.

Cuando empiezas a quitar capas a la cebolla no tienes ni idea de lo que vas a descubrir. Y, para mi asombro, al poner el foco en esto descubrí los miles de disfraces que puede vestir un mismo problema raíz: el odio hacia nosotras mismas.

El “auto-odio” puede traducirse de muchas maneras: exigencia extrema por tener un determinado tipo de cuerpo, descuido de la salud, falta de autocuidado, falta de aceptación de los cambios físicos, echarnos la culpa, sentirnos víctimas, no defendernos cuando toca, compararnos con las y los demás, no comer bien, no aceptar los regalos de la vida ni los cumplidos de nadie, vivir sobrecargada de obligaciones, comprometernos mucho o demasiado poco, mantenernos en la precariedad, derrochar, no decir basta a situaciones que duran años y que está en nuestras manos cortar, procrastinar las tareas importantes…

Primero me ayudó observar mis resultados, lo que había en mi vida era consecuencia de decisiones y acciones propias. Después fue muy valioso vigilar mis pensamientos. Parar a escucharme marcó un antes y un después. Meditar fue una herramienta clave, pero hay muchas formas de hacerlo, lo único necesario es el silencio (pasear en silencio, fregar los platos en silencio…)

Y ahí descubrí que lo que oía en mi cabeza eran palabras de mucha exigencia (el listón estaba por las nubes y la realidad nunca se ajustaría para alcanzarlo) Si hubiera tenido una persona a mi lado que me hablara así, que nunca reconociera ningún logro, que menospreciara cualquier cosa que hacía o que era porque en realidad no era suficiente, tenía que haberlo hecho más rápido o más fácil o tenía que ser distinta, más parecida a aquella otra, le hubiera dicho que se callase o marchase de mi vida.

Pero eso, no es posible avanzar ni hacer cambios positivos si no escuchamos, si no detectamos la forma en que nos hablamos.

El siguiente paso fue apreciar cada pequeña cosa que hacía. En aquel tiempo me sentía paralizada y me costaba pasar a la acción (cuanto he cambiado…) Había días que me dedicaba a darme las gracias por respirar, porque mi corazón seguía latiendo o por prepararme la comida, y así cada día podía hacer más cosas, vivir más, disfrutar más, valorarme más… y llegar a materializar mis sueños. Todo esto sin bajar la guardia, porque el dialogo interno negativo seguía colándose a veces.  La atención a ese dialogo es clave, y es muy fácil distraerse: encender la radio, escuchar un podcast, ver un video en Youtube, coger el móvil… (que no significa que no lo hagas nunca)

El tema de la autovaloración y la autoestima es una carrera de fondo y no se trata de negar nuestras sombras sino de conocerlas, aceptarlas y entenderlas. Durante años he detestado mis enfados, pero ahora reconozco que en un momento de mi vida fue la energía que me llevó hacia adelante y lo veo con otros ojos. Durante años he detestado mi barbilla pero ahora soy capaz de verla con cariño y agradecerle todo lo que ha tragado y callado en la infancia, todo lo que  me ha ayudado a contener para poder seguir adelante y poder tener otras vidas, otras oportunidades de cambiar mis patrones de conducta.

Los procesos vitales y dedicar tiempo al autoconocimiento pueden hacernos mejorar muchísimo pero que no te cuenten rollos, esto no termina, no dejamos de conocernos mientas estamos vivas. Porque mientras vivimos estamos descubriendo partes de nosotras mismas. Creo que en eso consiste en gran parte la vida, en revelar quienes somos a través de las experiencias, a través de la materia, a través de los cambios de nuestro cuerpo.

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