Hace tiempo que la ropa dejó de cumplir la función primaria de taparnos y abrigarnos. Ahora nos vestimos para expresarnos, para divertirnos y para mostrar nuestra personalidad. Los grandes diseñadores de los siglos anteriores comenzaron un camino de continua innovación y la moda se convirtió en instrumento de transformación social y en seña de identidad para cada época.

Pero los tiempos están cambiado con rapidez. Ahora compramos en gigantescas cadenas de ropa que tienen tiendas en todas las ciudades. Encuentras prendas similares aquí y en Moscú. Esto hace que me pregunte si con esta uniformidad, unida a la mala calidad de las prendas, podemos de verdad expresarnos y disfrutar. Si nos fijamos, cada vez andamos más uniformados y las prendas son de tan mala calidad que no nos da tiempo a interiorizarlas y definirnos con ellas como antes.

Por ejemplo, desde que Decathlon llegó a nuestro país, ver un ciclista sin el equipamiento total es casi un sacrilegio y salir a caminar sin un leggin deportivo y una camiseta con la espalda cruzada es de raras o, peor aún, de “viejas” (como le dijeron a una amiga no hace mucho por salir a andar con ropa de diario)

Cada vez compramos más ropa, incluso aunque nuestro poder adquisitivo haya disminuido. Aparecen cadenas que bajan aún más los precios y podemos mantener nuestro armario en movimiento constante. Pero la cuestión para mi ahora es si de verdad con este modelo de producción y venta podemos seguir usando la ropa para expresarnos o pasamos a ser instrumentos de la maquinaria en la que nuestra función es comprar y desechar. Siendo realistas, las prendas que compramos no tienen aquella intención y vocación inicial de cambiar el mundo o la situación social de las mujeres (como por ejemplo tuvo Channel en su momento) Ahora el objetivo es que compres más ropa y más veces. Quizá la única oportunidad de hacer una diferencia a nivel social que recuerde la historia sea usando moda sostenible creada sin explotación y sin tóxicos.

Así que, en medio de este panorama, los términos cambian y lo que antes era chic se transforma. No hace mucho todas las mujeres sabían coser pero lo que estaba más valorado socialmente era comprar una prenda en una tienda porque se suponía hecha por un profesional mejor que tú, tu madre o tu esposa. Pero ahora la ropa de las grandes cadenas no tiene detrás una planificación ni la inspiración que convierte en algo especial, más bien es un producto hecho en serie que no aporta nada nuevo y nos convierte en ganado, por decirlo crudamente.

Gracias a todo esto ahora estamos re-valorando lo artesanal, lo hecho a mano por ti misma, lo reciclado o lo de segunda mano porque es donde encontramos ese valor añadido que hace cada prenda única e irrepetible, dotada de intención y que puede hablar de quién la lleva.

Así que aquí comparto unas cuantas cosas que puedes hacer para vestir más barato y más chic que en Primark, tal y como reza el titulo:

  • Reutilizar. Antes de descartar una prenda mira a ver si puedes darle una vuelta y reconvertirla. Aquí tienes un tutorial.
  • Teñidos. ¿Os acordáis cuando se teñían las prendas? Todavía podemos hacerlo para renovar su brillo, para cambiarle el color o para ser creativas y colorear sólo una parte.
  • Usando pinturas de tela puedes lánzarte a darle un toque único a una prenda de la que ya estés aburrida.
  • Compra menos. Comprar moda de calidad, a ser posible hecha con valores de sostenibilidad, porque hoy día los cambios que podemos esperar que la moda propice son por la via de la justicia social y el cuidado del planeta. Estos valores sí hacen que las prendas tengan personalidad y expresen el sentido que queremos expresar. Si quieres conocer marcas que están trabajando así puedes encontrarlas aquí.
  • Y si lo quieres más barato que en Primark compra de segunda mano, seguro que en la tienda te dan un trato más personalizado y encuentras ropa diferente.

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2 Comentarios

  1. Es importante dejar de comprar a marcas que explotan en su cadena de producción

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