El primer día que mi familia se sentó junta de nuevo a la mesa, tras la enfermedad de mi madre, una de mis hermanas hizo una paella y todos esperábamos el sabor del arroz de los domingos que conocíamos desde que nacimos…recuerdo como nos caían las lágrimas mientras comíamos, recuerdo que nadie dejó el plato vacío, nos fuimos levantando en silencio y retirando nuestros platos uno a uno.

Hace 8 navidades que no como nada cocinado por mi madre debido a su enfermedad. Y por más que mis hermanas y yo hemos tratado de seguir recetas al pie de la letra, ninguna nunca hemos conseguido los sabores ni los aromas de su comida.

Lo que impregna la comida es mucho más que igredientes, que los minutos de cocción, que la receta… Es otra cosa. Comer lo que otro cocina es comer su tono, su energía, sus humores, su intención, su energía…

Desde que dejé de comer la comida de mi madre tomé conciencia de que nos tomamos la comida a la ligera. Comer cualquier cosa cocinada por cualquiera en cualquier partes lo normal.

Para mí la Navidad no es triste pero no puedo evitar pensar que cada persona tiene su propio sabor y que se lo lleva cuando se va. El sabor único de la persona que con generosidad cocina, ese sabor que dejamos entrar en nuestro cuerpo para pasar a formar parte de nosotros merece ser honrado y agradecido. Estos días que nos sentamos a la mesa seria interesante parar unos segundos para dar valor a los alimentos y a las personas que los cocinan.

Me resulta curioso y me hace sentir rabia que generaciones y generaciones de mujeres hayan puesto platos en las mesas del mundo, que hayan alimentado a la humanidad y que tal hecho no tenga reconocimiento social, ni lugar en los libros de historia que se estudian en los colegios. Porque una mujer que cocina es cocinera o simplente ama de casa, pero un hombre que cocina es Chef (Un jefe con mayúsculas).

Estoy segura de que la persona que a base de experimentar, mezclar y probar inventó el potaje de lentejas o la paella o el estofado o la tortilla fue una mujer porque si hubiese sido un hombre estaría documentado con nombre y apellidos, habría monumentos y libros donde estuviese registrado. ¿Y el hecho de que el potaje de lentejas esté en este mundo no es algo relevante? ¿No ha tenido repercusiones sobre la salud y la calidad de vida? No, solo la ciencia o la medicina son responsables de las mejoras de la vida y la salud de la humanidad.

La historia, la cultura, el arte nos ha dado la visión masculina del mundo, está muy bien pero el foco ha estado en las conquistas, batallas, tecnología y economía ahora las mujeres necesitamos hablar, poner en palabras, esculturas, películas, poesías, novelas, en los libros de historia y por qué no, en revistas nuestra visión del mundo.

Me imagino que si los libros de historia contemplaran la visión femenina, tendría cabida la importancia de la organización del hogar, la vulnerabilidad de la vida en etapas como la infancia y la vejez, la cocina, la amistad, la necesidad de espacios de paz para criar, parir y amamantar, la ciclicidad de la vida, la intuición, la vida en comunidad… Sabríamos menos de guerras y habíamos visto muchas menos imágenes de mujeres desnudas.

No tengo una visión romántica de lo femenino, las mujeres tenemos montones de formas de estar en el mundo y de intereses (entre ellos la guerra y las mujeres desnudas) pero hablo de la necesidad de incorporar lo femenino al mundo entendido como energía, como el ying, como esa parte receptiva, suave, sinuosa, detallista, cuidadora, nutricia, magnética, conectada con los hijos….

Por eso en Gansos Salvajes producimos cultura e información desde la perspectiva femenina, hablamos de muchos temas desde nuestra visión, no excluimos a nadie pero vemos necesario equilibrar la balanza.

Arrancamos 2017 con ALQUMISTAS, una comunidad online para mujeres que quieren crecer y llevar su vida al siguiente nivel. Aquí tienes toda la información>>

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